martes, 9 de octubre de 2007

enorme victoria de River vs. boca


Lo pasó por arriba. Lo aplastó. Lo arrasó. Lo pisó. Lo bailó.Y lo pensó.El triunfazo de River fue de la cabeza a los pies. Las órdenes de las mentes bajaron perfectas a las piernas. River tuvo convicción, autoridad, actitud, temple, inteligencia y juego. Así borró a Boca, la antítesis, una imagen oscura de un equipo que en las finales (y ésta se le parecía mucho) siempre da algo más.River cimentó su victoria desde la fiereza para disputar cada pelota dividida, la presencia defensiva de la dupla central, la marca de Ponzio sobre Palacio, la ubicación y recuperación de Ahumada y el compromiso de todos por sudar y mostrarse para tocar. Y la ejecutó con la jerarquía de Ariel Ortega, inmenso, emocionante, ídolo. Fue el Burrito de sus comienzos con esos quiebres de cintura antológicos y el Burro adulto para dar órdenes y hacerse dueño de su equipo y del partido.Boca jamás encontró ese partido. No pudo evitar la presión del rival. No fue rebelde en la mala. No tuvo conducción porque Gracián ni siquiera se mostró para buscar los laterales. No blindó su defensa. No desequilibró con los volantes externos. No apareció Palacio una vez más en un superclásico. No le acertó nunca a la cabeza de Palermo, casi siempre la solitaria fórmula ofensiva. Un concierto de no fue Boca esta vez y no es casual que recién haya pateado al arco a los 22 minutos (derechazo de rugby de Neri Cardozo). Tampoco que Carrizo haya mantenido su arco en cero por primera vez desde que volvió. Es sencillo sentenciar con el resultado puesto, pero ¿está bien que un líder como Battaglia sea suplente en un choque así? Y eso que, cuando entró, Battaglia fue uno más en medio del desierto.Y mientras en medio de ese desierto Boca imploraba por un vasito de agua, River le tiró sal. Passarella agarró el primer salero y acertó de nuevo en un superclásico con una innovación (Ponzio de tres) y una muy esperada confirmación (Ortega y Buonanotte en la creación). Y sus jugadores, al fin, lo bancaron donde deben bancarlo: adentro de la cancha. Fue asfixiante River, prolífico para dejar tres tipos contra uno rival cuando no tenía la pelota y punzante en ataque. También lujoso en la asistencia de Belluschi, en el zurdazo de Radamel para el 1-0, en la precisión para jugar de primera, en el genial Ortega y en el chiquitín Buonanotte y su caño a Cardozo que hace inevitable la comparación con el de Riquelme a Yepes.Boca equivocó el camino al verse superado. Quiso darlo vuelta a los golpes y terminó machucado. La roja a Banega reflejó el descontrol en el retroceso y el pisotón de Paletta a Buonanotte, que a la guapeza física hay que acompañarla de sentido común. Paletta tal vez quiera ser el nuevo Patrón Bermúdez, pero el colombiano nunca hizo un penal tan innecesario en un superclásico ni quedó al borde de la expulsión por no manejar su ira.River no sacó una diferencia mayor porque es imposible mantener tanta intensidad durante 90 minutos. Y tal vez, porque si en el fútbol todavía existen los códigos, prefirió prestarle un rato la pelota a un rival lastimado. Hasta en eso tuvo una mente superior.

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